LA MENTIRA QUE TE CONTASTE EN NOMBRE DEL AMOR

No siempre se trata de que alguien no te elija. A veces, se trata de que tú elegiste quedarte en una historia que nunca pudo ser.

Introduccion

Nos gusta pensar que el amor lo puede todo, que si sentimos con suficiente intensidad, si esperamos lo suficiente, si amamos lo suficiente… tarde o temprano, el otro nos elegirá. Pero, ¿qué pasa cuando el amor que creemos sentir no es amor, sino dependencia? ¿Qué ocurre cuando la historia que nos contamos es más fuerte que la realidad?

Este artículo no es sobre un amor imposible, sino sobre cómo la mente nos engaña para aferrarnos a algo que nunca estuvo realmente ahí. Es sobre el autoengaño, sobre el miedo a soltar, sobre la necesidad de sentirnos validados a través de alguien más.

Porque el problema no es que alguien no nos elija.
El problema es por qué seguimos eligiendo historias que nos obligan a traicionarnos a nosotros mismos.

Bienvenidos a un viaje profundo hacia la verdad que no queríamos ver

CUANDO TODO PARECÍA PERFECTO,

PERO EN EL FONDO YA ESTABA ROTO

No sé en qué momento me perdí. Tal vez fue en la primera mirada, en la primera risa compartida, en la forma en que las conversaciones parecían detener el tiempo. Tal vez me perdí en la historia que me inventé, en la idea de que el amor puede contra todo, incluso cuando la realidad dice lo contrario.

Porque sí, siempre supe la verdad. Desde el primer día, nunca hubo mentiras, nunca hubo falsas promesas. Pero yo decidí no escuchar.

A veces no hace falta que alguien te mienta. A veces, la mentira más grande es la que tú mismo te cuentas para no enfrentar lo que realmente está pasando.

Las señales estaban ahí, pero cuando deseas con toda tu alma que algo sea real, tu mente hace lo imposible por justificar lo que no encaja.

 Una ausencia se convierte en “es que tiene mucho trabajo”.  
 Un silencio se vuelve “seguro que me piensa, pero no sabe cómo decirlo”. 
 Una negativa se traduce en “todavía no estamos listos”.  

Y así, sin darme cuenta, me convertí en alguien que esperaba, que justificaba, que postergaba su propia vida por una promesa que nunca fue hecha.

Pero el amor no se mendiga. Y cuando necesitas justificarlo, probablemente no es amor.

NO ERA AMOR, ERA DEPENDENCIA: UNA HISTORIA QUE SOLO EXISTÍA EN MI MENTE

No fue una historia vacía. Hubo momentos de verdad, de conexión, de entrega.  
Risas en lugares escondidos, silencios que decían más que las palabras, la sensación de pertenencia en un mundo que parecía detenerse cuando estábamos juntos.

Hubo miradas cómplices.  
Hubo historias que sentí escritas para mí. 
Hubo noches en las que pensé: “Esto tiene que significar algo”.

Y sí, significaba algo.  
Pero no lo que yo quería que significara.

Porque también hubo ausencias.  
También hubo silencios donde se suponía que había respuestas.  
También hubo distancia, excusas, momentos en los que el mundo de esa persona seguía adelante y yo me quedaba atrás, esperando una señal.

Y aunque lo sabía, yo me conté otra historia. 
Me convencí de que si sentía lo suficiente, si esperaba lo suficiente, si amaba lo suficiente… algo iba a cambiar.

Pero no cambió.  
Porque el amor no se trata de cuánto estés dispuesto a aguantar.
Y de hecho, me di cuenta de que eso no era amor.
Era una proyección de lo que yo quería ver.

Nunca me mintieron.  
Nunca me prometieron algo que no podían darme. 
Nunca me vendieron una idea falsa de lo que éramos.

La única mentira fue la que yo mismo decidí creer.

Fui yo quien se aferró a la ilusión de que un día todo iba a cambiar.  
Fui yo quien decidió esperar algo que nunca iba a llegar.  
Fui yo quien puso su vida en pausa para sostener una historia que solo existía en mi mente.
Y en ese proceso, me fui perdiendo.
Porque cuando no te amas, no amas a los demás, los usas para llenar lo que no puedes darte a ti mismo.

Y eso no es amor, es dependencia.

NO FUE OTRA PERSONA QUIÉN ME ENGAÑÓ, FUI YO QUIÉN NO QUISO VER

CUANDO SU AUSENCIA ERA UNA AGONÍA QUE NO QUERÍA VER

No era solo la espera.
Era la incertidumbre.
Era la angustia de ver el celular cada cinco minutos esperando una respuesta.

Era la sensación de que algo se rompía dentro de mí cada vez que el mensaje no llegaba, cada vez que la llamada no se devolvía, cada vez que la excusa era la misma.

Era la ansiedad en el pecho.  
El nudo en la garganta.  
La pregunta constante: “¿Por qué no soy suficiente?”

Cada ausencia dolía como un rechazo.  
Cada retraso, cada palabra no dicha, cada momento en el que no estaba… era un recordatorio de que no me pertenecía.

Pero la peor parte no era la ausencia en sí, sino la forma en que me acostumbré a justificarla.

Porque en esa historia creí encontrar lo que siempre había buscado: la certeza de que alguien me veía, de que era especial, de que mi presencia importaba.

Pero el verdadero problema era este:

¿Por qué necesitaba que alguien más me diera lo que yo no sabía darme?

EL INFIERNO DE NO PODER SOLTAR

A veces, aferrarse a alguien duele más que perderlo.  
Porque aferrarse significa resistirse a la realidad, seguir sosteniendo una soga que ya te está quemando las manos.

¿Por qué no solté antes?

Porque en mi cabeza, soltar significaba fracasar.  
Soltar significaba aceptar que lo que había construido no era real.  
Soltar significaba mirarme al espejo y aceptar que no sabía estar solo.

Y esa era una verdad que me aterraba más que su ausencia.

EL APRENDIZAJE REAL: NO PUEDES AMAR A NADIE SI NO TE AMAS A TI PRIMERO

Me tomó tiempo entenderlo.  
Me tomó terapia, noches en las que sentí que me ahogaba en la ausencia.  
Me tomó recordar mis pérdidas, los duelos que nunca quise enfrentar, los vacíos que intenté llenar con esta historia.

Y cuando por fin lo vi con claridad, entendí algo que me costó aceptar:

No puedes amar a nadie si no te amas a ti primero.

Lo que viví no era amor.  
Era apego, era necesidad, era la búsqueda de algo que yo no me estaba dando.

No solté porque dejara de querer.  
No solté porque el amor se acabara.  
No solté porque encontrara algo más.

Solté porque entendí que si no me amaba a mí primero, cualquier amor que intentara dar iba a ser incompleto, iba a ser carencia disfrazada de amor.

No fue una historia con un final feliz.  
Fue una historia con un final necesario
.

Porque al final, no se trata de que alguien te elija.  
Se trata de que tú dejes de elegir historias que te obligan a traicionarte.

CONCLUSIÓN: SOLTAR NO ES EL FIN, ES EL INICIO DE TU VERDADERA HISTORIA

Soltar no es perder.  
Soltar es regresar a ti.

El día en que lo solté, entendí algo:  
No estaba perdiendo a alguien. Estaba recuperándome a mí.

Porque cuando aprendes a ser suficiente para ti mismo, dejas de mendigar migajas y empiezas a darte lo que realmente mereces.
Soltar no es el fin, es el inicio de tu verdadera historia. 🔥

¿Te ha pasado?

A veces, sin darnos cuenta, nos quedamos esperando… una palabra, un gesto, una validación, un regreso que nunca llega. Nos aferramos a una esperanza disfrazada de amor, cuando en realidad es solo miedo a soltar.

Si alguna vez viviste algo así, ¿cómo fue tu proceso para salir de ahí? ¿Qué descubriste en ti cuando por fin soltaste? Y si ahora mismo identificas algo que sigues esperando, ¿qué crees que te detiene?

Te leo.


Comments

9 responses to “¿AMOR O APEGO?”

  1. Cuando sin darme cuenta busqué en otra persona lo que mi pareja en ese momento “dejó de darme”; validación, reconocimiento, momento bonitos, risas, sexo.
    Cuando la encontré sentí que realmente el amor bonito podía existir, todas las estadísticas estaban en nuestra contra y aún así decidí seguir. Creí haber encontrado lo que siempre busqué en el amor, sentía que la amaba por y sobre todas las cosas, me perdía en sus brazos y sentía que el mundo se detenía cuando estaba con ella, pero en el momento que salíamos al mundo exterior todo se venia abajo. Tomé la decisión de alejarme por mi bien y ha sido de las experiencias mas tristes y dolorosas que he experimentado en mi vida. Porque el día de hoy puedo tomar mis propias decisiones, poniendo mi bienestar por delante, sé que hoy mis cabeza y mi corazón no están en el mismo canal, pero con tu ayuda segura estoy que muy pronto esto dejara de doler…
    Hoy me doy cuenta que busco en las personas lo que yo solita debería de satisfacer… y ¿ahora? a recuperar mi voz y mi vida. Gracias.

    1. Qué valiente eres por reconocerlo y elegirte, incluso con el corazón roto. No estás sola. Estás en camino, y aquí estoy contigo, paso a paso, hasta que deje de doler… y vuelvas a escucharte con fuerza y amor. 💛

  2. Maribel castro Avatar
    Maribel castro

    Que fuerte pero me indentifico

    1. Es fuerte… pero real.

  3. Itzel salazar Avatar
    Itzel salazar

    Aún no suelto al cien pero ya no duele como antes ya no lloro cuando hablo de el puedo platicar todo lo que paso sin que salgan lágrimas de mis ojos creo que aún mi mente me engaña xq pienso que va regresar pero no es asi el está haciendo su vida con alguien más pero como soltar ala persona con la que pensabas tener una vida hasta hacerse viejitos tener hijos etc …

    1. A veces soltar no duele porque ya no amas, sino porque una parte de ti sigue abrazando el futuro que imaginaste. No es fácil dejar ir a quien soñaste para siempre, pero cuando ya puedes hablar sin llorar, es señal de que algo en ti ya empezó a sanar.

  4. Tener el valor y amarte para poder ser feliz , soltar lo que te duele, lo que te daña constantemente, aún dándote cuenta que no era amor.

    1. Eso es amor propio en su forma más pura: tener el valor de soltar lo que duele, aunque una parte aún quiera quedarse. Porque mereces paz, no sobrevivir en algo que nunca fue amor.

  5. Chelenin Avatar
    Chelenin

    Excelente la manera en la que describe la diferencia entre el amor propio y la dependencia emocional. Creo que todos en algún momento de la vida nos ha sucedido. Lo peor es salir de una relación con un narcisista,.porque te cierras emocionalmente y toca hacer muchas terapias.

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